El palacio de la Diputación, construido entre 1889 y 1892 por el arquitecto Sebastián Rebollar, es uno de los pocos edificios históricos de la capital que se ha conservado y que, además, ha sido bien restaurado entre 1985 y 1988 devolviéndolo a las soluciones arquitectónicas y decorativas primitivas.
En 1890-91 Angel Andrade decoró, con pinturas murales, las estancias más representativas y además supervisó la decoración general del Palacio, por lo que la instalación en él de su obra pictórica ha encontrado un marco, en principio, de lo más adecuado.
Andrade, un año antes de morir, veía como se iban haciendo realidad sus deseos de creación del Museo que manifestó pública e insistentemente desde su vuelta a Ciudad Real a través de la prensa. Para el pintor significaba la posibilidad de perdurar en sus obras. Poco más de un año después su colección personal estaba en el Palacio Provincial.