Arsenal: Se aplica a un conjunto numeroso de ciertas cosas útiles, herramientas, datos, noticias o conocimientos, o al sitio donde están o donde se obtienen. Es la acepción del término que prefiere Nacho Bolea, cuando lo elige para titular su exposición individual en La Casa Amarilla. Sin obviar la que lo identifica como depósito de armas y municiones. De hecho, Bolea trabaja desde 2013 en la serie de ensamblajes "Armas de Juguetes" con el propósito de desactivar esas armas, transformando la amenaza y peligro inherente a ellas en juguetes de utópicas quimeras que no ocultan el paisaje herido de la guerra. Debemos permitir que las imágenes atroces nos persigan, decía Susan Sontag, convencida como estaba de que aunque no consigan abarcar la mayor parte de la realidad a que se refieren, cumplen una función esencial: esto es lo que los seres humanos se atreven a hacer y quizá se ofrezcan a hacer, con entusiasmo, convencidos de que están en lo justo. No lo olvides. Y Nacho Bolea toma buena nota en sus ensamblajes, collages y objetos.
Para su exposición en La Casa Amarilla, Nacho Bolea ha seleccionado un arsenal de obras, pertenecientes a distintas series, que configuran un paisaje emocional integrador de los universos creadores de Ramón Acín, Djuna Barnes, Ingmar Bergman, Ian Curtis, Maya Deren, Emily Dickinson, John Ford, Jasper Johns, Hans Lebert, Gustav Meyrink, Georges Perec, Lotte Reiniger, Rainer Maria Rilke, Arno Schmidt... Y Robert Walser, a quien La Casa Amarilla celebra en este año con motivo del centenario de la publicación de su libro El Paseo.