Miguel Lara Molina: Jiennense de alma, colores y magia
Esta exposición es un tributo al amor, al espíritu creativo, a la honestidad, a la vida. El artista, Miguel Lara Molina, es un vecino de Jaén cuyo cariño por la tierra que le vio nacer y
su defensa apasionada de la misma han sido inquebrantables a lo largo de toda su vida.
La presente exposición constituye un legado cultural y sensitivo que viene de muy lejos,
desde su nacimiento en el corazón mismo de nuestra ciudad, el barrio de los Caños, hace
ahora la friolera de casi ochenta y dos años. Nuestra intención al mostrar su obra es posibilitar que todo el mundo pueda reconocerse en ella, en sus callejuelas, en sus colores, en sus olivares, en sus gentes, en rincones olvidados que cimentan nuestro presente y proyectan nuestro futuro. Ningún pueblo debe perder su identidad y la memoria que con tanto esmero han construido sus mayores. Al tiempo, queremos presentar un legado cultural, artístico y hasta sensual, de un ciudadano jiennense a su ciudad como patrimonio de una vida creativa y llena de memoria. Y por ende, homenajear a un artista que tanto ha dado a su ciudad natal.
Alguien dijo que “La historia no es solamente un registro de lo ocurrido sino ante todo una
provocación de la imaginación”. Así es Miguel. Nacido en la calle Santa Cruz, en el
barrio judío, en la barriada de los Caños, entre el convento de Santa Clara y el Huerto
de Poli, de donde recibió colores y aromas que impregnan de singularidad toda su obra.
Nunca dejó de crear porque nunca dejó de empaparse de los colores, de la textura, del
aire mágico de su ciudad, donde ha transcurrido toda su vida. Emigró a Madrid en los
años cincuenta, regresando más tarde para incorporarse como personal de mantenimiento
en el Hospital General, antigua Residencia Sanitaria Capitán Cortés, donde trabajó más
de cuarenta años como fontanero, hasta su jubilación. Nunca dejó de crear y lo sigue
haciendo. Óleos que ponen en danza a chirris y pastiras y que envuelven paisajes de
colores casi imposibles. Esculturas que ya existen en la madera o en la piedra y que se
revelan en sus manos.
Aún hoy, a sus más de ochenta años, se le puede ver recorriendo las calles de Jaén, o
sentado en un banco dibujando. A veces, rodeado de niños que se acercan a observar
-uno de estos dibujos lo realizó en el patio del colegio de San Andrés. Y así muchos más:
la iglesia de la Magdalena, San Juan, la Catedral, etc.
Los jóvenes y no tan jóvenes les debemos mucho a nuestros mayores. Y en concreto,
nosotros le debemos agradecimiento a nuestro padre, que puso la rebeldía de los colores
en nuestra vida, que conjugó el trabajo duro para sacar a una familia de cinco hijos
adelante en tiempos difíciles, con la magia de los colores entre olivares, por La Alameda
o perdido en alguna callejuela del casco antiguo, con un lápiz y una libreta inseparables;
que sació nuestra sed de creatividad en la Fuente de la Peña, en la Fuente de la Zarza,
mirando hacia Jabalcuz, camino de la Imora, conjurando a las musas frente a las Peñas
de Castro.
Esperamos que sientas, que vivas, que te recrees, que te emociones con esta muestra de
verdad que aquí presentamos.
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